LA
SOCIEDAD Y LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN
Mi exposición sobre la sociedad no parte de
una concepción contractual, no la entiende como una entidad que nace de un
contrato social de los individuos, sino que tiene una línea evolutiva; la sociedad se explica como una forma de organización biológica: si la sociedad
existe es porque ofreció ventajas de supervivencia al animal humano. En algún
momento los que tuvieron las habilidades de convivir sobrevivieron y los demás
se extinguieron. No fue una decisión de consenso sino de la lógica biológica.
EL MITO DE PROMETEO:
LA ADQUISICION DE LAS
HABILIDADES POLÍTICAS DE CONVIVENCIA
La visión mitológica de la Grecia clásica del
paso del hombre como animal solitario a su naturaleza social lo ilustra muy
bien el Mito de Prometeo:
Según vemos en el mito, la sociedad sería un regalo de los dioses al hombre como un medio de aumentar sus posibilidades de supervivencia. Con las habilidades políticas, las artes de convivencia y participación en los asuntos del grupo -la familia, la polis, la tribu, la aldea-, el ser humano tiene mejores armas en la lucha por la subsistencia.
“... Era un tiempo en el que existían los dioses, pero no las especies mortales. Cuando a éstas les llegó, marcado por el destino, el tiempo de la génesis, los dioses las modelaron en las entrañas de la tierra, mezclando tierra, fuego y cuantas materias se combinan con fuego y tierra. Cuando se disponían a sacarlas a la luz, mandaron a Prometeo y Epimeteo que las revistiesen de facultades distribuyéndolas convenientemente entre ellas. Epimeteo pidió a Prometeo que le permitiese a él hacer la distribución "Una vez que yo haya hecho la distribución, dijo, tú la supervisas ". Con este permiso comienza a distribuir. Al distribuir, a unos les proporcionaba fuerza, pero no rapidez, en tanto que revestía de rapidez a otros más débiles. Dotaba de armas a unas, en tanto que para aquellas, a las que daba una naturaleza inerme, ideaba otra facultad para su salvación. A las que daba un cuerpo pequeño, les dotaba de alas para huir o de escondrijos para guarnecerse, en tanto que a las que daba un cuerpo grande, precisamente mediante él, las salvaba.
De este modo equitativo iba distribuyendo las restantes facultades. Y las ideaba tomando la precaución de que ninguna especie fuese aniquilada. Cuando les suministró los medios para evitar las destrucciones mutuas, ideó defensas contra el rigor de las estaciones enviadas por Zeus: las cubrió con pelo espeso y piel gruesa, aptos para protegerse del frío invernal y del calor ardiente, y, además, para que cuando fueran a acostarse, les sirviera de abrigo natural y adecuado a cada cual. A algunas les puso en los pies cascos y a otras piel gruesa sin sangre. Después de esto, suministró alimentos distintos a cada una: a una hierbas de la tierra; a otras, frutos de los árboles; y a otras raíces. Y hubo especies a las que permitió alimentarse con la carne de otros animales. Concedió a aquellas descendencia, y a éstos, devorados por aquéllas, gran fecundidad; procurando, así, salvar la especie.
Pero como Epimeteo no era del todo sabio, gastó, sin darse cuenta, todas las facultades en los brutos. Pero quedaba aún sin equipar la especie humana y no sabía qué hacer. Hallándose en ese trance, llega Prometeo para supervisar la distribución. Ve a todos los animales armoniosamente equipados y al hombre, en cambio, desnudo, sin calzado, sin abrigo e inerme. Y ya era inminente el día señalado por el destino en el que el hombre debía salir de la tierra a la luz. Ante la imposibilidad de encontrar un medio de salvación para el hombre. Prometeo roba a Hefesto y a Atenea la sabiduría de las artes junto con el fuego (ya que sin el fuego era imposible que aquella fuese adquirida por nadie o resultase útil) y se la ofrece, así, como regalo al hombre. Con ella recibió el hombre la sabiduría para conservar la vida, pero no recibió la sabiduría política, porque estaba en poder de Zeus y a Prometeo no le estaba permitido acceder a la mansión de Zeus, en la acrópolis, a cuya entrada había dos guardianes terribles. Pero entró furtivamente al taller común de Atenea y Hefesto en el que practicaban juntos sus artes y, robando el arte del fuego de Hefesto y las demás de Atenea, se las dio al hombre. Y, debido a esto, el hombre adquiere los recursos necesarios para la vida, pero sobre Prometeo, por culpa de Epimeteo, recayó luego, según se cuenta, el castigo del robo.
El hombre, una vez que participó de una porción divina, fue el único de los animales que, a causa de este parentesco divino, primeramente reconoció a los dioses y comenzó a erigir altares e imágenes a los dioses. Luego, adquirió rápidamente el arte de articular sonidos vocales y nombres, e inventó viviendas, vestidos, calzado, abrigos, alimentos de la tierra. Equipados de este modo, los hombres vivían al principio dispersos y no en ciudades, siendo, así, aniquilados por las fieras, al ser en todo más débiles que ellas. El arte que profesaban constituía un medio, adecuado para alimentarse, pero insuficiente para la guerra contra las fieras, porque no poseían el arte de la política, del que el de la guerra es una parte. Buscaban la forma de reunirse y salvarse construyendo ciudades, pero, una vez reunidos, se ultrajaban entre sí por no poseer el arte de la política, de modo que al dispersarse de nuevo, perecían. Entonces Zeus, temiendo que nuestra especie quedase exterminada por completo, envió a Hermes para que llevase a los hombres el pudor y la justicia, a fin de que rigiesen en las ciudades la armonía y los lazos comunes de amistad. Preguntó, entonces, Hermes a Zeus la forma de repartir la justicia y el pudor entre los hombres: "¿Las distribuyo como fueron distribuidas las demás artes?".
Pues éstas fueron distribuidas así: Con un solo hombre que posea el arte de la medicina, basta para tratar a muchos, legos en la materia; y lo mismo ocurre con los demás profesionales. ¿Reparto así la justicia y el poder entre los hombres, o bien las distribuyo entre todos?. "Entre todos, respondió Zeus; y que todos participen de ellas; porque si participan de ellas solo unos pocos, como ocurre con las demás artes, jamás habrá ciudades.
Además, establecerás en mi nombre esta ley: Que todo aquel que sea incapaz de participar del pudor y de la justicia sea eliminado, como una peste, de la ciudad''.
El MITO
DE PROMETEO
Platón, Protágoras
Según vemos en el mito, la sociedad sería un regalo de los dioses al hombre como un medio de aumentar sus posibilidades de supervivencia. Con las habilidades políticas, las artes de convivencia y participación en los asuntos del grupo -la familia, la polis, la tribu, la aldea-, el ser humano tiene mejores armas en la lucha por la subsistencia.
Después de la visión mítica clásica griega del
hombre y hasta el siglo XVII la sociedad era justificada apelando a su creación
divina. La sociedad, y el mundo en general, era así por gracia de Dios, por
naturaleza. La tradición, la voluntad divina y la naturaleza fijaban las reglas
por las que funcionaba la sociedad.
De esa visión mítica se pasa a la teoría
contractualista de Hobbes (Leviatán,
1651), existiendo precedentes por parte de la escuela sofista en la Grecia Clásica,
con una defensa del convencionalismo y de cierto relativismo. También Guillermo
de Ockham va a sostener posiciones cercanas al contractualismo, y en pleno Medievo
aparecen otras teorías que ponen énfasis en la naturaleza pactista de la
sociedad.
CONTRACTUALISMO:
LA SOCIEDAD COMO UN
CONTRATO SOCIAL DE SERES HUMANOS LIBRES
Thomas Hobbes (1588-1679) va a ser el primero
en exponer en su obra “Leviatán” (1651)
una explicación contractualista a existencia de la sociedad. Supone que el
hombre estaba en “guerra de todos contra todos”, para garantizar su propia
supervivencia. La sociedad nace mediante un pacto o contrato social, que limita
al hombre a no realizar ningún acto contra la vida de otro hombre y a crear un
convenio de convivencia que da lugar a la sociedad.
Posteriormente John Locke (1632-1704) en su
obra “Dos tratados sobre el gobierno
civil”, sobre todo, no considera la maldad o la bondad del ser humano, simplemente
justifica la necesidad de un contrato social como la mejor manera de defender
los derechos naturales del individuo: vida, libertad y propiedad.
Influenciado por Locke y Hobbes, Jean-Jacques
Rousseau (1712-1778), principalmente en su libro “El Contrato Social” (1762), parte de una visión de inocencia y
bondad originaria natural del hombre, y es la sociedad la que acaba con este
estado al lanzarlo a la competencia que promueve el egoísmo y la maldad. Como
es imposible la vuelta atrás, solo cabe un acuerdo o contrato social entre
ciudadanos que mitigue en lo posible los males de la sociedad corrupta.
El contractualismo de nuestros días ya no se
preocupa del proceso histórico por el que pudo nacer la sociedad. Se centra más
en la lógica interna de los procesos de toma de decisiones y de resolución de
los conflictos. No importa tanto el contenido del contrato sino cómo se elabora
tal contrato.
Por ejemplo, John Rawls parece estar mucho más preocupado por la justicia, por que
el proceso de decisiones sea “justo”, y considera importante que los
contratantes no puedan saber cuál será su posición después del contrato. Afirma
que lo ideal para los contratantes es que se hallen bajo lo que llama “un velo
de ignorancia”.
También Jürgen
Habermas se preocupa por las “condiciones ideales de diálogo”; el “entorno”
necesario para llegar a un acuerdo. Uno de ellos es la no violencia: si esta se
utiliza, o se usa la amenaza, el proceso de debate deja de ser racional; otro
se refiere como el postulado de igualdad: los participantes en el debate deben
tener el mismo acceso a la información que tenga que ver con el tema del
acuerdo; y el postulado de seriedad: la intención de los participantes tiene
que ser llegar a un acuerdo.
LA VISIÓN EVOLUTIVA
Mi línea argumental, como ya comenté, no va
ser contractual. No puedo saber cómo surgió la sociedad, pero sí puedo
afirmar que existe. También se puede hacer un estudio comparativo con la
evolución de los demás seres vivos, del que el ser humano es un ejemplar más.
Hay animales que sobreviven en soledad y hay también muchos de ellos que han
evolucionado a formar comunidades y son seres sociales.
Estableciendo un paralelismo con otras
especies de seres vivos que forman sociedades, ninguna ha necesitado establecer
ningún acuerdo o contrato social para crear una comunidad, por lo que
posiblemente el hombre no tenga tampoco que justificar la sociedad por medio de
un pacto social.
Simplemente es una forma de organización que
surge y tiene éxito en cuanto a la supervivencia y por ello, se perpetúa. Es
una ventaja evolutiva. Y no se requiere ningún razonamiento más para entender
su surgimiento. Aquellos individuos que la adoptan sobreviven, y aquellos que
no, no logran la continuidad y desaparecen.
Respecto a mi visión del contractualismo contemporáneo,
se me escapa la excesiva importancia que se le da al proceso y el olvido casi
temerario por el resultado. Un acuerdo, por mi procesalmente perfecto, puede
llevar a situaciones insostenibles de supervivencia para el grupo social o que
afecte a otros grupos o subgrupos sociales. Todo está supeditado a la
supervivencia, por muy justos, procesalmente adecuados, idealizados, o
deseados, si los contratos no se adecuan a las condiciones de la evolución y a
las leyes de la biología y la contabilidad energética, llevarán al desastre o a
la imposibilidad de su práctica.






